Las escuelas, colegios y liceos del estado y también
establecimientos privados tenían el llamado “Cuadro de Honor”.
En este cuadro figuraban los 10 mejores promedios de cada
curso. Era todo un orgullo recibir esa distinción que generalmente se exhibía a
la vista de todos en el patio central.
…En el Salvador no existía.
¿Porque Roma y Cartago? En la antigüedad dos Imperios
luchaban por la hegemonía del mediterráneo Roma y Cartago; lo hicieron
encarnizadamente en las tres guerras que se llamaron púnicas, ganando finalmente
Roma y destruyendo a Cartago. Por esto simbolizan un enfrentamiento permanente.
Ahora a lo nuestro.
El curso estaba dividido por la mitad en Roma y Cartago, de modo que había
dignidades para Roma y para Cartago, cinco en cada una, total diez. Un cuadro de honor. Los 10
mejores alumnos obtenían una de las
siguientes dignidades (así se llamaban).
Por orden de mérito: Cónsul, Legado, Abanderado, Decurión y Secretario cuando
se hacia la Distribución de Dignidades.
El resto de los alumnos según sus méritos eran los Soldados.
Los docentes por medio de los concursos,
que eran como pruebas escritas y según los resultados y el “concepto” repartían
los puestos.
Los alumnos se podían clasificar groseramente en tres
niveles:
Los mejores, dos o tres por curso, peleaban los primeros
puestos. (Para algunos no ser cónsul era peor que repetir el grado o año). Un segundo
grupo, “la clase media” estaba ahí, alguna vez ligaba algún cargo: Decurión o secretario o si
habían estado flojos quedaban como “soldados”. Estos a su vez estaban ordenados
por su rendimiento escolar. Para tranquilidad de la familia yo estuve, casi
siempre, en el segundo grupo. Al tercer
grupo los más “vaguitos” les importaba
poco figurar.
En la proclamación de dignidades que se hacía dos veces por año, a la que se
agregaba La Distribución de premios a fin de año se hacía una justa como parte
del acto. Un año o grado que se elegía previamente participaba con un tema ya
seleccionado.
Trataré de describir el escenario lo mejor posible. El
curso se sentaba en hemiciclo. En el centro en una mesa con un regio mantel se
sentaban los dos cónsules que fungían de coordinadores y jueces que eran
inapelables. De un lado Roma del opuesto Cartago. Al lado de los cónsules el
resto de las dignidades y a continuación los soldados. Cada participante tenia
asignado previamente contra quien iba a competir. A los costados, de pie, los
secretarios, anotaban los puntos en
pequeños pizarrones que se colocaban en las columnas laterales del escenario.
Las preguntas las iniciaban los legados, ya que los
cónsules eran los últimos. Cada participante preparaba la pregunta que le
correspondía hacer lo más difícil posible. Cuando era llamado por su Cónsul,
por riguroso orden, se ponía de pie y la hacía y su contrincante, también de
pie, debía responderle. Si al cuestionador
le parecería que la respuesta estaba mal, decía : CORRIJO y daba la respuesta
que creía buena. Los cónsules se consultaban y daban el fallo. PUNTO PARA …. Y el secretario anotaba prolijamente el
tanto..
Conviene aclarar en este punto que todo el colegio
pertenecía a Roma o Cartago de modo que el público festejaba cada tanto.
Existía una posibilidad, que yo nunca vi, que era el presuntamente equivocado, seguía
defendiendo su respuesta y se armaba el siguiente diálogo. …IN TE
CONTRA TE
SUPER TE
¿CUO PUNCTUS VIS?... que sería como un
contra punto sobre la valoración en puntos de la pregunta.
Al finalizar la contienda los cónsules
preguntan a los respectivos secretarios los puntos de cada equipo y proclaman
al ganador con gran algarabía del público que pertenecía al vencedor. La parte
final era la más dramática, cada abanderado portando su bandera de la siguiente
forma: el ganador enhiesta y el derrotado baja la suya sin tocar el suelo como
señal de derrota y se recitaba lo siguiente: para Roma
Alza
Roma esclarecida,
Alza
caudillo inmortal
Esa
bandera imperial
Que
Cartago está vencida.
Que
aprenda la fementida.
Que
cuando el sol baña y dora,
has
de ser tú la señora
y
ella cual sierva humillarse,
doblar
su cuello y postrarse
ante
el águila vencedora.*
*Me
disculpo por los posibles errores y que lamentablemente no recuerdo el recitado
de Cartago
Para
que esto no sea tan aburrido voy a
contar una breve anécdota graciosa. Era un ensayo. El soldado que estaba al
lado del cónsul cuando recibieron la orden de sentarse le saco la silla y el
cónsul desapareció detrás de la mesa…. ¿Y el soldado?... Mejor no preguntar.
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